Prensa Metro
La historia del Metro de Caracas se escribe hoy con letras de dolor, pero sobre todo con el coraje de quienes se negaron a dejar caer a la capital tras el catastrófico doble terremoto del pasado 24 de junio. Venezuela fue testigo de una tragedia sin precedentes, y nuestro sistema de transporte, el alma que mueve a esta ciudad, sufrió heridas profundas que aún hoy nos estremecen.
La pérdida es incalculable. Muchos de nuestros compañeros, trabajadores de primera línea y hasta la máxima autoridad de la institución, el presidente del Metro, Carlos Segundo Silva, perdieron la vida en medio de la contingencia en el estado La Guaira. El vacío que dejaron es inmenso; no eran solo funcionarios, eran padres, hijos y hermanos que estaban en su puesto de trabajo cuando la tierra se sacudió.
El compromiso que nace del dolor
A pesar de estar de luto y con el corazón en mil pedazos, la respuesta de la gran familia del Metro fue heroica. Desde el primer segundo, el personal se puso a la orden, secándose las lágrimas para levantar el sistema. La Gerencia de Obras Civiles ha cargado con una responsabilidad titánica: reconstruir sobre los escombros.
Los testimonios visuales que circulan hoy —el antes y el después de nuestras estaciones— no son solo reparaciones técnicas; son monumentos al esfuerzo humano. Cada columna reforzada, cada riel alineado y cada pared restaurada es un homenaje a esos compañeros que ya no están. Ellos dieron su vida por el Metro, y los que quedamos aquí juramos que su sacrificio no sería en vano.
La voluntad de una ciudad que no se rinde
»La movilidad de Caracas es el último aliento de nuestros compañeros», afirman los trabajadores en los pasillos de las estaciones. La gerencia no descansa, consciente de que cada tren que vuelve a rodar es una victoria contra la desolación.
Hoy, más que una institución, el Metro de Caracas es el símbolo de nuestra resistencia. Porque ni el terremoto más violento, ni la pérdida de nuestros líderes, ni el dolor más profundo han podido detener el motor de nuestra gente. Estamos de pie, trabajando con la fuerza de los que se fueron y la esperanza inquebrantable de los que nos quedamos, porque la movilidad de nuestra Caracas es la promesa que mantenemos viva.


