Carroñería política y mediática

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Jimmy López Morillo

Las tragedias, como la que golpeó a nuestra amada Patria el pasado 24 de junio y aún nos sigue lacerando el alma, deberían servir para unirnos más allá de cualquier tipo de diferencias, como efectivamente ha ocurrido con la mayoría de nuestra población, que masivamente se ha volcado a manifestar de innumerables formas su solidaridad con quienes resultaron más afectados por los terribles terremotos que en cuestión de segundos no solo nos sacudieron, sino también nos cambiaron la vida de una u otra forma, más allá de quienes perdimos familiares, amigos, vecinos, conocidos, o no.

Sin embargo, lamentablemente, catástrofes como estas también suelen echar a la calle las miserias de muchas personas (afortunadamente minoría) que como buitres tratan de sacar provecho al sufrimiento, al dolor de miles, millones, como en este caso.

Como aves carroñeras ya han saltado las politiqueras y los politiqueros de siempre, los mismos que durante poco más de dos décadas han llamado al bloqueo de Venezuela, a las sanciones, a brutales agresiones militares, incluyendo bombardeos, como el ocurrido el 3 de enero, cuando el imperio estadounidense, ese ante el cual se arrodillan sumisos, mancilló nuestro sagrado territorio y, además, secuestró a nuestro presidente constitucional, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

No han cambiado el guion en absoluto, no han dejado de destilar odio, solo que en medio de todo el dolor que asalta al pueblo venezolano en esta mala hora, su caradurismo es todavía mucho más indignante, junto al de los reptiles tarifados que tienen en los medios de comunicación y que constituyen otra parte de esta despreciable fauna carroñera.

 Con absoluto cinismo, con un inusitado descaro, están tratando de sacar réditos políticos (¡y hasta electoreros!) a una tragedia que se ha llevado por delante las vidas de miles de personas (venezolanas y extranjeras), destruyendo también cientos de viviendas, dejando damnificadas a decenas de miles y traumados psicológicamente a millones, sí, a millones.

Su desvergüenza los ha llevado (¡no faltaba más!) a achacarle a la presidenta (e) Delcy Rodríguez, al Gobierno Nacional, la culpa de los terremotos, ¡como si de alguna manera semejante fenómeno geológico pudiera predecirse!

Al mismo tiempo, han pretendido responsabilizar a la Revolución Bolivariana por la falta de maquinarias adecuadas para atender una emergencia de estas dimensiones, cuando en realidad han sido ellas y ellos quienes han impedido, entre muchas otras cosas, que el país se modernice tecnológicamente y pueda prepararse mejor para contingencias como estas, si bien es importante recalcar que ninguna nación, por muy desarrollada que sea, está capacitada para enfrentar con celeridad un doblete sísmico de la magnitud del que azotó a Venezuela hace poco más de una semana.

Es la misma gente que, el 7 de marzo de 2019, en contubernio con el primer gobierno del sátrapa Donald Trump (qué casualidad), provocó el mega apagón con fines sediciosos que pretendía provocar el caos en nuestra patria, ante lo cual nuestro pueblo respondió con un civismo y una paciencia ejemplar, tal y como lo está haciendo ahora.

De nuevo, hoy la Sayona y las y los de su calaña, sin el menor escrúpulo apelan a su carroñería en medio de la tragedia, tratando de imponer una matriz de opinión en contra de la actuación del Gobierno, de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, de los cuerpos de seguridad, levantando acusaciones infundadas sobre su supuesta inacción ante la catástrofe que ha dejado herida el alma de la Patria.

Junto a sus buitres mediáticos tarifados, con marcada insolencia y un profundo desprecio por la sensatez y la inteligencia del pueblo, incluso tienen el descaro de pretender que se llame a elecciones en medio de la tragedia. ¡Eso debería desenmascararlos todavía más ante las venezolanas y los venezolanos!

“Influencers”

Dejaremos la parte final de esta ya larga nota para los fulanos “influencers”, entre quienes están los que intentan pescar políticamente (porque para eso les pagan) y quienes pretenden monetizar el dolor y la tragedia ajena y por eso, camuflándose como supuestos “voluntarios” que llevan ayuda a los afectados en La Guaira, buscan imágenes sensacionalistas a costa del dolor ajeno para tratar de ganar “likes” o “me gusta” con los cuales incrementar sus cuentas bancarias.

También con desfachatez (al fin y al cabo forman parte de la misma calaña) acusan al Gobierno de “impedir” su labor, cuando en realidad lo que hacen no solamente es estorbar, sino también hurgar con sadismo en las heridas del pueblo.

Se trata, en fin, de las mismas aves carroñeras, las de la política y la mediática, a las que el pueblo sensato debe rechazar de manera contundente, condenando sus acciones enérgicamente y, llegado el momento, que habrá de llegar, hacerlos pagar por haber contribuido a incrementar, una vez más, el dolor de nuestra Patria.


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