Richard Arráiz Moreno
Todavía se siente el frío en el pecho al recordar el pasado 24 de junio de 2026, a eso de las 6 de la tarde, cuando nos preparábamos para ver jugar al equipo de Brasil. No fue un «temblorcito» de esos para echar broma en la esquina; fue un doblete sísmico de magnitudes 7,2 y 7,5 que nos sacudió la vida con apenas 39 segundos de diferencia. Para que tengan una idea de la magnitud, un sismo de 7,5 libera una energía 32 veces más potente que el terremoto que fracturó a Caracas en 1967.
Aquí en la parroquia sabemos lo que es renacer de una tragedia; la mayoría de nuestra comunidad se fundó precisamente con familias que lo perdieron todo en inundaciones y sismos del pasado. Esta vez, la furia de la naturaleza dejó más de 3.000 fallecidos y se esperan muchos más, es una herida abierta en el alma del pueblo venezolano.
Entre dos placas tectónicas y el misterio de las antenas de HAARP
¿Por qué se nos movió el piso de esa manera tan violenta? La ciencia nos explica que vivimos sobre el choque de dos gigantes: la placa del Caribe y la placa suramericana. Ese día, la roca no aguantó más la presión y se fracturó a lo largo de más de 200 kilómetros, desde Yaracuy hasta nuestros barrios y urbanizaciones en el Distrito Capital.
Pero claro, en La Vega y en los grupos de WhatsApp el rumor corre más rápido que un motorizado en la bajada de Los Mangos. Muchos hablan del Proyecto HAARP en Alaska, Estados Unidos. Si bien la ciencia dice que esas 180 antenas estudian la ionósfera (allá arriba, a 80 km de altura), no olvidemos que HAARP nació bajo el ala del Pentágono y DARPA. Ya en 1999, el Parlamento Europeo lo señaló como una amenaza. Cuando documentos militares del Norte hablan de «dominar ya el clima», es normal que en el barrio miremos al cielo con sospecha cada vez que aparecen esas «luces sísmicas» como la que vimos la semana pasada o el cielo rojo.
La reconstrucción: ¿Ayuda humanitaria o banquete corporativo?
Ahora viene lo más delicado: levantar toda la infraestructura que se cayó, en la esquina del callejón nos preguntamos si esto será ayuda humanitaria o un banquete de las grandes corporaciones del norte. El gobierno de los Estados Unidos ya soltó la lengua diciendo que viene con todo para la «reconstrucción». Hablan de traer suministros con la gente de Walmart y de enviar expertos internacionales para decidir qué edificios se quedan en pie y cuáles van para el piso.
Desde La Vega lanzamos la alerta: la reconstrucción no puede ser solo un contrato para las grandes corporaciones del norte. Necesitamos una reconstrucción técnica, con normas sismo resistentes que de verdad nos protejan toda la infraestructura en el futuro, pero también sobre todo una reconstrucción humana. No queremos que nuestras zonas afectadas se conviertan en un laboratorio de «limpieza de terreno» para intereses ajenos al bienestar comunal.
La lección que nos dejan estos terremotos es que solo el pueblo salva al pueblo. Así como en los años 70 nos organizamos para exigir viviendas dignas y la salida de la fabrica de cemento frente al desprecio institucional, hoy debemos estar rodilla en tierra para que la reconstrucción pase por nuestras manos y por la consulta de nuestras comunas.
No permitamos que el dolor se convierta en una oportunidad de negocio para los que siempre han querido tutelarnos. La verdadera fuerza sismorresistente de Venezuela es la organización popular. ¡Ojo pelao con los que vienen a «ayudar» pero terminan mandando! Seguimos firmes, informando desde esta trinchera y construyendo la verdad desde lo cotidiano.

