Rafael Rodríguez Olmos
No es fácil asimilar que el gobierno está haciendo de tripas corazón para no provocar un arrebato de ira del orate de la Casa Blanca. Y eso se convierte en una búsqueda permanente del equilibrio entre hacer las cosas y no mentarle la madre a los hdp que dirigen al Big Brother. Partiendo de que, caribeños al fin, estamos acostumbrados a mandar al carajo a todo el que pretenda pisotearnos. Y Chávez nos enseñó hasta a decirles “yanquis de mierda”. Y como buena india caribeña, a Delcy le deben dar ganas de vomitar, cuando una bestia de esas, viene al país sin ser invitado, como Pedro por su casa, a imponer decisiones tomadas allá. Ya no podemos venderle oro a quien nos dé la gana, o con quien mejor nos convenga; así como no podemos decidir qué hacer con nuestro petróleo, porque también se lo robaron ellos. Y el dinero de la venta, ellos deciden cuántos nos van a dar, aunque mientras tanto, supuestamente lo guarden en un banco cualquiera del mundo que ellos decidan. En mi pueblo hay una palabra para esa ira: encojonamiento. Una cosa así debe estar sufriendo la pobre Delcy.
Lo otro es decidir que somos más arrechos que el Papa y resolver enfrentarnos, nada menos que al ejército más poderoso del mundo; porque como somos arrechos y no aceptamos imposiciones, entonces peleamos. Y estoy seguro que entonces el mejor negocio del país, será montar una fábrica de morcillas, porque la sangre se podrá recoger en baldes.
Nadie que ame a su país, puede estar de acuerdo con lo que está pasando, salvo un grupo de anormales que está pidiendo la adherencia de Venezuela como el estado 51 del Big Brother, encabezados por La Interfecta. Pero la paciencia es una virtud y más temprano que tarde ese hdp se va a morir, y habrá otro tipo de relaciones con ese país. No me extraña incluso con que estén chantajeando con el asesinato de Nicolás y Cilia. “Tú sabes que el avión donde regresan, se puede caer”, le dirían al gobierno venezolano. La historia está llena de eso, junto a sus desgraciados montajes y sus asquerosos asesinatos. Esa es la historia de Estados Unidos. Que, si pueden matar a Maduro, por supuesto. Y cuánto les puede costar. No hay nada peor que negociar con asesinos que se creen estadistas. A Venezuela le tocó.
Seguimos esperando a Cilia y a Nicolás

