La unidad como prioridad

Jimmy López Morillo

Publicado en el Correo del Orinoco

Desde que comenzamos a tomar conciencia del significado de la lucha de clases, el combate por una sociedad más justa, contra el capitalismo y su máxima expresión, el imperialismo, hemos estado escuchando sobre la indispensable necesidad de la unidad.

Se lo escuchábamos a Alí Primera en Dispersos preguntando “¿Por qué no unirnos? Sí por qué si ya se unieron/ el fusil y el evangelio/ en las manos de Camilo (Torres, el cura guerrillero colombiano)” y él, en las entrevistas que luego le hicimos, insistía en que las fuerzas de la izquierda y del progresismo venezolano debíamos unirnos como única vía para derrotar al enemigo imperial y sus lacayos internos y externos.

En fin, durante la mayor parte de nuestra existencia hemos entendido que esa palabra, unidad, es fundamental en cualquier proceso que pretenda ser revolucionario; así lo hemos intentado practicar en nuestro tránsito como militantes, al igual que aquellos camaradas con quienes hemos compartido estos caminos del combate por la vida.

Así también nos lo planteó nuestro comandante Hugo Chávez en su última proclama, el 8 de diciembre de 2012: “Unidad, lucha, batalla y victoria”, para luego pedirnos el respaldo a Nicolás Maduro –nuestro aún presidente a pesar de su secuestro por los genocidas de Washington- en las siguientes elecciones, en caso de un hecho sobrevenido.

Esa necesidad de mantenernos unidos cobra más vigencia en la inédita y muy delicada situación en la cual el enemigo imperial, conjuntamente con sus mandaderos internos de la oposición, después de la ignominia del 3 de enero ha desatado una brutal guerra cognitiva, todavía mayor a la que venía ejecutando desde mucho antes de mancillar nuestro territorio hace cinco meses.

El objetivo no es nuevo: primero que nada, desmoralizarnos, desmovilizarnos y sembrar la sombra de la duda con supuestas traiciones, apuntando al resquebrajamiento de nuestra unidad, que más allá de las diferencias nos ha permitido salir victoriosos durante este cuarto de siglo.

El enemigo pretende dispersarnos, atomizarnos, incluso debilitarnos mentalmente, para hacerle el trabajo a una oposición perdida en sus delirios apátridas, dando tumbos, que de no contar con el respaldo imperial estaría literalmente desaparecida.

Por eso es indispensable no caer en ese juego, tratar de interpretar las distintas situaciones que se presentan con cabeza fría y nervios de acero, sin perder claridad de que es en Washington donde está el verdadero enemigo, no en Miraflores, y así mantener la unidad como una prioridad.

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