Jimmy López Morillo
Publicado en la sección Scanner Mundial
Diario Últimas Noticias
Sábado 13 de junio
Durante prácticamente toda su historia, desde que se declaró como Estado independiente en mayo de 1948, luego de que las Naciones Unidas aprobaron el año anterior la resolución 181 mediante la cual distribuían el territorio palestino en dos pedazos, uno para los judíos y otro para los árabes, Israel ha estado involucrado en numerosas confrontaciones armadas.
En la actualidad, el régimen gobernado por el primer ministro Benjamín Netanyahu está vinculado a tres conflictos bélicos y, tal vez no por casualidad, en plan agresor: Palestina, Líbano e Irán.
También llama la atención que cuando alguno de estos pareciera encaminarse hacia una solución que lleve paz a la región, el régimen sionista encuentra las formas de violentar las negociaciones o los acuerdos de alto el fuego que han podido sellarse.
En la Franja de Gaza han asesinado a casi mil desde la firma de la tregua en octubre pasado; en territorio libanés más de 3.700 desde el 2 de marzo y con Irán, en plenas negociaciones para poner fin a la guerra no provocada por Estados Unidos y el mismo Israel el 28 de febrero, intercambiaron ataques el fin de semana pasado.
Esto último ocurrió a pesar de que el principal aliado del premier israelí, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una entrevista con el diario Financial Times el domingo, aseguró que el país hebreo no respondería a los bombardeos de Irán en represalia por las continuas agresiones al Líbano, que considera una reiterada violación del alto el fuego.
«Él (Netanyahu) no tendrá ninguna otra opción. Yo tomo las decisiones. Él no toma las decisiones”, aseveró Trump al mencionado medio.
Colonialismo. El hecho de que Israel, un país con una extensión de apenas 22.072 kilómetros cuadrados y 9.647.000 habitantes, haya pasado prácticamente toda su historia envuelto en guerras ha encontrado, como es natural, distintos análisis en la búsqueda de una explicación.
Ilan Pappé, por ejemplo, un activista y ensayista israelí exiliado en el Reino Unido, donde da clases en la Universidad de Exeter como profesor de Historia, ha sostenido que el origen de la participación permanente del país hebreo en tantos conflictos armados está en su “colonialismo de asentamiento” en el cual el Estado prioriza el control de la tierra y la exclusividad demográfica por encima de los acuerdos de coexistencia con otras naciones.
Por su parte, el sociólogo y politólogo Baruch Kimmerling aseguraba que en Israel el estado permanente de guerra responde a una concepción deliberada, convirtiendo a esa nación en una “democracia securitaria”, con una sociedad absolutamente militarizada, con los constantes conflictos como excusa para justificar la expansión territorial y el control sobre las tierras palestinas.
El también docente, fallecido en 2007, hablaba de “politicidio” (de hecho así se titula uno de sus libros), para referirse a la destrucción premeditada y sistemática de los palestinos para existir como una entidad nacional y política y aseveraba que las fuerzas armadas y la mentalidad de defensa llegaron a penetrar todas las instituciones civiles israelíes, por lo cual bajo la concepción de una “guerra eterna” la ideología sionista como pilar fundacional se impone a la fuerza, dejando al margen las disidencias internas y haciendo ver a la paz como un riesgo existencial para el propio Estado.
A su vez, el analista español Yusuf Fernández, después de que en septiembre pasado una comisión de la ONU presentó un informe en el que concluyó que Israel comete actos de genocidio en Gaza, aseveró que “el régimen israelí busca una expansión en Oriente Medio, desestabilizar la región, porque este régimen no puede vivir sin que haya conflictos con los vecinos. Es una condición de su propia existencia”.
El experto sostuvo que Israel “es un estado expansionista”, que busca apoderarse de otros territorios de la región.

Los conflictos como política de supervivencia de Netanyahu
Para el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, quien tiene una orden de captura de la Corte Penal Internacional (CPI) por su presunta responsabilidad en crímenes de guerra y de lesa humanidad, los conflictos en Oriente Medio se han convertido en una forma de supervivencia política.
Así lo sostuvo el presidente del Centro de Estudios de Oriente Medio de Moscú, Murad Sadygzade, en un extenso trabajo publicado en Actualidad RT el 15 de abril.
En el texto, el investigador sostiene que “los ataques masivos contra Beirut y la constante expansión de la llamada ‘zona de seguridad’ demuestran que no se trata simplemente de un esfuerzo táctico para contener a Hezbolá. Es un intento de remodelar la realidad militar y política del sur del Líbano para los próximos años”.
Sadygzade enumera los pasos que ha venido dando el régimen sionista y declaraciones como las del ministro de Finanzas, el ultraderechista Bezalel Smotrich, hablando de la expansión de sus fronteras, los cuales exponen una visión de Estado.
Por eso, tomando en cuenta esos elementos, el investigador asevera que “para Netanyahu y su coalición de derecha, la guerra se ha convertido no solo en un instrumento de política exterior, sino también en una condición para la supervivencia política interna”.

El largo historial de sus confrontaciones armadas
Israel declaró su independencia en 1948, un año después de ser creado como Estado a costa de la división del territorio que le correspondía al pueblo palestino e inmediatamente comenzó su historial de agresión a otros pueblos con la expulsión de los habitantes originarios de esas tierras en el cruento episodio conocido como la Nakba (catástrofe en árabe).
Más de 80% de la población árabe palestina (cifra superior a las 700.000 personas) fue obligada a desplazarse forzosamente de sus hogares, del espacio geográfico que legítimamente les correspondía, para ir a refugiarse en países vecinos como Jordania, Siria y Líbano.
Los que pudieron quedarse, o sus descendientes, ahora son víctimas del genocidio sionista en Gaza y los territorio ocupados, que ha cobrado la vida de más de 73.000 personas desde octubre de 2023.
En 1956 invadió la península del Sinaí; en 1967 lanzó ataques aéreos contra Egipto, Líbano, Jordania, Siria e Irak y ocupó los ya citados territorios de Gaza y Cisjordania.
En 1982 ejecutó la denominada “Operación Paz para Galilea”, invadiendo el sur del Líbano y en 2006 también desarrolló la segunda guerra contra ese país bajo la excusa de combatir a Hezbolá que duró 34 días. Actualmente, como se sabe, ataca a Palestina, el Líbano e Irán

