Edgar Rafael García
El pasado 24 de junio no fue un día común. Al movimiento telúrico que sorprendió a la región Capital y La Guaira, se le sumó el carácter festivo de la fecha, una coincidencia de factores que —paradójicamente— terminó protegiendo a la comunidad de la Unidad de Diálisis Madre Emilia, ubicada en la avenida principal de Montalbán en la parroquia la Vega, y dependiente del Instituto Venezolano de Seguros Sociales (IVSS).
Debido al feriado, la jornada de tratamiento se había reprogramado a un esquema especial de tres horas, en lugar de las tres horas y media habituales. Esta pequeña variación fue clave: al momento del temblor, los pacientes ya se habían desconectado y el personal médico y de enfermería se había retirado, evitando escenas de pánico o emergencias mayores dentro de las instalaciones.
Desafíos tras la sacudida
El día jueves, posterior al sismo, la unidad se vio obligada a pausar sus actividades. El motivo principal no fueron las grietas, sino la paralización casi total del transporte público, lo que impidió el traslado fluido de pacientes y personal de enfermería y médicos.
Afortunadamente, tras las evaluaciones técnicas iniciales, realizadas empíricamente por pacientes y personal de enfermería y médicos, los diagnósticos trajeron alivio: no hubo daños estructurales.
- Sistemas vitales intactos: Tanto el tanque subterráneo de almacenamiento como la planta y el equipo de ósmosis inversa respondieron de manera impecable.
- Tuberías funcionales: Las líneas de suministro de agua limpia y las de desecho se observan superficialmente sin afectaciones.
| Estado de la Unidad de Diálisis | |
| Tanque subterráneo | Intacto |
| Equipo de ósmosis | Operativo |
| Estructura principal | Sin daños críticos |
| Afectaciones menores | 4 m² de baldosas levantadas |
| Máquinas de Diálisis | Operativas |
La fuerza de la solidaridad
Los únicos daños visibles se concentraron en el suelo: aproximadamente cuatro metros cuadrados de baldosas se levantaron debido a la vibración del terreno. Fue allí donde la vocación de servicio del equipo humano se hizo evidente.
Lejos de quedarse de brazos cruzados esperando una cuadrilla del gobierno nacional, la solución nació desde adentro:
Kain, responsable del almacén, no dudó en asumir el rol de albañil para ejecutar las reparaciones parciales. A su esfuerzo se sumó el liderazgo de la doctora Castillo y el gesto generoso de la psicóloga del centro doctora Jenirée, quien donó personalmente un saco de cemento para fijar nuevamente el piso.
Gracias a esta labor conjunta, la unidad de diálisis se mantiene firme, abierta y prestando el servicio vital que sus pacientes necesitan día a día.
Un llamado a la Misión Venezuela Renace
A pesar de que la emergencia inmediata fue resuelta a fuerza de voluntad y trabajo en equipo, las instalaciones requieren una atención integral para garantizar su durabilidad a largo plazo.
Desde la Unidad de Diálisis Madre Emilia se hace un llamado afectuoso pero firme a la Misión Venezuela Renace, para que efectúe una inspección técnica formal y le otorgue a este centro «un cariño» a través de las refacciones y el mantenimiento profundo que sus espacios merecen. Cuidar esta infraestructura es, en última instancia, proteger la vida de decenas de pacientes que dependen de ella para mantener la vida.

