Jimmy López Morillo
En días pasados, una camarada decía lo desmoralizada que se encuentra con lo que ha ocurrido en nuestra Patria a partir del 3 de enero, cuando la nación más genocida en la historia de la humanidad, con un megalómano despachando desde la Casa Blanca, perpetró su criminal bombardeo contra este suelo sagrado, asesinando a más de un centenar de personas y secuestrando a nuestro presidente constitucional, Nicolás Maduro y su esposa, la primera combatiente, Cilia Flores.
La compañera está abrumada por los acontecimientos sobrevenidos desde entonces, agravados por el terrible doblete sísmico que sacudió al país el 24 de junio, a todo lo cual se sumó la carroñería de los políticos de la derecha, sus “influencers” y sus periodistas y medios tarifados.
Todo este proceso también ha venido acompañado por una descomunal campaña desde Washington, con los tanques pensantes del imperio poniendo en marcha una trama cuyo objetivo es –como ya lo hemos dicho en otras oportunidades- desmotivar, desmoralizar, desmovilizar y dividir a los sectores revolucionarios venezolanos.
La guerra cognitiva ha cobrado niveles brutales, con el engendro de la Casa Blanca como su principal ejecutor propagando infundios con los cuales ha tratado de imponernos la matriz de que la presidenta encargada, Delcy Rodríguez y quienes la acompañan en el gobierno en una misión que les ha tocado asumir por razones estrictamente circunstanciales, son unos traidores.
Al mismo tiempo, el aberrado que despacha desde la Oficina Oval frecuentemente se da a la tarea de describirnos como el “próximo estado 51”, como ya lo ha hecho también con Canadá, Groenlandia y hasta Irán (país que no se ha cansado de propinarle derrotas desde marzo), en una acción netamente provocadora.
Lamentablemente, algunas y algunos camaradas a pesar de su larga experiencia en estas batallas, han caído en esa trampa y se creen las mentiras que provienen desde Washington, sin llegar a entender que en la actualidad somos un país no tutelado, como dicen algunos, sino vilmente extorsionados por una de las principales potencias militares del planeta, que mantiene a nuestro gobierno y al pueblo entero bajo la amenaza de nuevos bombardeos y masacres.
Frente a esto debemos levantar la moral, seguir el ejemplo que nos da nuestro presidente Nicolás Maduro desde el lugar de su secuestro, manteniendo la confianza en nuestra dirigencia, preservando la unidad monolítica como una de nuestras principales armas y teniendo la certeza de que el futuro deparará mejores alboradas para Venezuela.

