Sismos y sionismo: ¿rescate o lavado de cara?

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Richard Arráiz Moreno

La tierra nos sacudió el alma este 24 de junio de 2026. Ese «doblete sísmico» no solo tumbó paredes, edificios, de varios estados del país, sino que nos recordó la fragilidad de la vida ante la fuerza de la naturaleza. Pero como siempre, mientras en nuestra combativa parroquia de La Vega nos activábamos para llevar solidaridad al litoral, en la pista de Maiquetía aterrizaba una noticia que nos obligó a reflexionar: Tras 17 años de una ruptura diplomática digna, decidida por el comandante Hugo Chávez en 2009 tras las masacres en Gaza (que ahora se han multiplicado), especialistas de Israel volvieron a pisar el suelo bolivariano.

Los sismos en el estado La Guaira fueron la puerta de entrada para este despliegue técnico. La misión, integrada por unos 30 ingenieros y militares del Comando del Frente Interno de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), llegó uniformada para aplicar su «método del semáforo». Con pintura en mano, van marcando nuestro suelo: verde para lo que se salva, amarillo para lo que requiere remiendo y rojo para esa estructura que hoy es una trampa mortal y debe ir para el piso.

Junto a ellos, se mueven grupos como ZAKA, encargados de la dolorosa tarea de recuperar cuerpos, e IsraAID, enfocados en el apoyo psicológico y el suministro de agua. Incluso han presentado un plan de seis etapas que promete desde el despeje de escombros hasta una reconstrucción «resiliente» bajo estándares modernos. Sin embargo, en los callejones de La Vega, donde la conciencia no se la traga la tierra, nos preguntamos: ¿qué hay detrás de tanta “eficiencia” técnica?

Cuando estos rescatistas nos hablan de «seguridad estructural», no podemos evitar mirar hacia el Medio Oriente. Sus mismos jefes en Tel Aviv llevan décadas aplicando una «demolición controlada», pero no de edificios en riesgo, sino de un pueblo entero como es el de Palestina. No es un secreto para nadie que la ruptura de 2009 fue un acto de justicia ante el bombardeo carnicero contra esa nación. Hoy, mientras nos ofrecen ingeniería en La Guaira, sus fuerzas militares cargan a cuestas un genocidio que desde octubre de 2023 ha dejado más de 73.000 muertos en Gaza (aunque hay investigadores que colocan por encima de los 100.000 asesinatos esa cifra).

Resulta contradictorio que quienes hoy evalúan la habitabilidad de nuestras casas sean los mismos que han borrado del mapa barrios enteros, escuelas y hospitales en Gaza mediante el robo de tierras y el asedio constante, al mismo tiempo que han exterminado por completo a miles de familias.

Desde las comunidades populares, recibimos la ayuda técnica porque la emergencia no espera y el pueblo sufre, pero nos mantenemos —como dice el dicho— «alertas y despiertos». Sabemos que el sionismo suele usar estas misiones como un lavado de cara internacional, intentando que olvidemos todo lo que han venido destruyendo no solo en Palestina, sino en Líbano, en Siria, en Irán.

La solidaridad verdadera no puede ser un cheque en blanco para el olvido. Nuestra resiliencia venezolana nace del espíritu bolivariano, ese que entiende que la libertad es una sola y no tiene fronteras. Ayúdennos a levantar las vigas en La Guaira, pero sepan que este pueblo chavista sigue firme en su independencia, antiimperialista hasta la médula y profundamente solidario con la causa de Palestina. Porque para nosotros, el que ama su propia libertad está obligado a respetar el espíritu y la tierra de los otros pueblos.

¡En La Vega, nadie se rinde y nadie olvida!


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