Richard Arráiz Moreno
El 24 de julio de 2026, cuando celebramos el nacimiento de nuestro Libertador, la Plaza Bolívar de Caracas, y las de todo nuestro país, no fueron solo un punto de encuentro, fueron un volcán de dignidad popular. El pueblo de a pie, ese que patea las calles de Caracas, de todas nuestras ciudades y pueblos, y que no se deja joder por cuentos de camino, se concentró para dejarle claro al mundo que Venezuela se respeta y que ni la bota imperialista ni el sionismo israelí aquí son bienvenidos.
Desde temprano, las esquinas del centro de Caracas se llenaron de hombres y mujeres comprometidos con la Revolución Bolivariana; obreros con sus manos callosas, sindicatos en pie de lucha, trabajadores culturales, deportistas de barrio, diputados del Bloque de la Patria, cantautores y poetas que le ponen rima a la resistencia. La consigna fue una sola: el rechazo absoluto a la intromisión de los Estados Unidos y del sionismo israelí en nuestros asuntos.
Este rechazo no es gratuito, el pueblo sabe que, bajo el disfraz de «ayuda humanitaria» tras los sismos de junio, lo que buscan es clavar sus garras en nuestra soberanía. Ya son más de 200 días desde aquel fatídico 3 de enero de 2026, cuando en una operación militar imperialista, con un bombardeo criminal, cargado de saña, fue secuestrado nuestro presidente constitucional, Nicolás Maduro, junto a la primera combatiente Cilia Flores. Desde entonces, hemos visto como el Mossad israelí y las fuerzas especiales gringas han intentado orquestar un cambio de Gobierno para saquear nuestro petróleo y nuestras riquezas.

En medio de la actividad, la candela de la indignación se hizo sentir, diputados y líderes populares, junto a los barrios y urbanizaciones caraqueños movilizada, quemaron y pisaron las banderas de EEUU e Israel en pleno corazón de la capital. «No se negocia con quien nos tiene secuestrado al presidente», gritaba un compa con el pecho inflado, recordando que la presencia de militares gringos y «expertos» israelíes en nuestro suelo es una provocación que no vamos a tolerar.

La gente en la calle recriminó que el bloqueo económico criminal y las medidas coercitivas, unilaterales e ilegales siguen siendo en gran parte responsables de las penurias de nuestra gente y que no aceptamos «espejitos» de quienes nos agreden a diario. Se denunció con fuerza la presencia de los Marines en La Guaira y la supuesta «misión técnica» de Israel, que no es más que una excusa para ganar terreno militar en nuestra tierra. La voz del pueblo trabajador fue clara: ¡Fuera el sionismo de nuestra nación!
Desde las barriadas de La Vega, donde sabemos lo que es echarle pichón para defender lo nuestro, la lección de hoy es clarita: la soberanía no se discute, se defiende con el pueblo en la calle. No nos vamos a comer el cuento de una «transición» tutelada por Washington.
La unidad Cívico-Militar-Policial-Comunal es el muro donde van a rebotar las pretensiones de Donald Trump y sus aliados sionistas ¡Aquí nadie se rinde!. La Vega dice que mientras haya un revolucionario con conciencia, Caracas seguirá siendo la cuna de la libertad y dignidad antiimperialista. ¡Bolívar vive carajo, la lucha sigue por la Revolución Venezolana!


