Richard Arráiz Moreno
Cuando el polvo del doblete sísmico del pasado 24 de junio aún no termina de asentarse sobre nuestras calles y avenidas, surge con nitidez de las sombras de lo que la investigadora canadiense Naomi Klein ha denominado el Capitalismo del Desastre.
Desde esta trinchera de comunicación popular en La Vega, debemos permanecer en alerta máxima. Mientras el pueblo venezolano hace su esfuerzo heroico en la supervivencia y en la reconstrucción de las viviendas e infraestructuras colapsadas, las élites transnacionales sacan sus garras ya despliegan su «lista de deseos» de reformas neoliberales en el país.
La técnica del «Shock» que plantea Klein, es privatizar el dolor, los centros del poder global aprovechan estratégicamente el trauma colectivo, el pánico y la desorientación social y gubernamental para imponer políticas de privatización y despojo que serían absolutamente rechazadas en condiciones de normalidad. El «shock» no es solo por el terremoto físico; es la parálisis política que el capital busca inducir para avanzar sobre lo público.
La historia contemporánea no admite dudas: tras el tsunami en Sri Lanka, en 2004 se construyeron hoteles de lujo donde vivían pescadores; tras el huracán Katrina en Nueva Orleans en 2005, se privatizó la educación pública; y en Irak en 2003, la invasión sirvió para subastar el patrimonio nacional a contratistas extranjeros. Hoy, ese mismo patrón asoma en nuestro territorio venezolano.
Observamos con sospecha cómo llegan muchos especialistas extranjeros que, bajo uniformes de asistencia técnica como el Comando del Frente Interno de Israel, deambulan promoviendo una supuesta «reconstrucción resiliente». Debemos advertir que, en el vocabulario neoliberal, la palabra «resiliencia» funciona como una puerta trasera para la transferencia de espacios públicos al capital privado o para subordinar nuestra soberanía al mercado transnacional.
Además, la guerra cognitiva contra el pueblo, esta arremetida se basa en tres componentes críticos para doblegar la voluntad popular: mantener a la población en shock permanente, borrar la memoria histórica de los logros alcanzados en revolución y entronizar el falso relato de que «lo privado siempre es mejor que lo público». Esta guerra cognitiva busca convencer a los sectores populares que los logros del pasado no existieron, preparando el terreno para la captura de la renta pública por parte de la burguesía parasitaria.
Frente a esta amenaza, los datos del «Método Chávez» son nuestra herramienta de autodefensa. Durante el periodo 1999-2014, la inversión pública en Venezuela aumentó un 87%, logrando reducir la pobreza del 70,8% al 21%, declarando al país territorio libre de analfabetismo y construyendo 2,7 millones de viviendas para la población venezolana. Estos recursos fueron fruto de un esfuerzo soberano por recuperar la autonomía sobre nuestros hidrocarburos por la renta petrolera.
Desde La Vega no somos ingenuos ante la geopolítica del capitalismo salvaje. Aunque se agradece la asistencia técnica indispensable ante la magnitud de la emergencia por los sismos, mantenemos una vigilancia crítica frente a quienes, bajo el disfraz de la caridad, ocultan intereses de dominación. La reconstrucción no puede convertirse en un «cheque en blanco» para el gran capital especulativo o para corporaciones del norte.
Para evitar que el shock se convierta en derrota, la única garantía reside en la vitalidad orgánica del Poder Comunal y la defensa de la propiedad social conquistada. No se trata simplemente de levantar las vigas y las columnas de las nuevas viviendas, sino de defender la independencia y la dignidad de un pueblo que posee una memoria colectiva inquebrantable. Levantaremos las soluciones habitacionales y las infraestructuras con la frente en alto y el puño cerrado, demostrando que somos resistentes al shock del capitalismo del desastre porque nuestra dignidad bolivariana no tiene precio.
¡Pendientes con el saqueo disfrazado de ayuda humanitaria! Sabemos que el territorio se defiende con organización y en La Vega decimos: ¡La lucha sigue!

