El crisol de luchas está de cumpleaños

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Jimmy López Morillo

Más allá del debate que se ha mantenido por décadas sobre la verdadera fecha de la fundación de La Vega, hay una precisa en la historia que determina, al menos desde el punto de vista legal, su formalización como pueblo y parroquia: el 18 de julio de 1813, en plena guerra de la Independencia de nuestra patria (¡vaya momento y vaya legado!), cuando mediante un decreto se le designó como Nuestra Señora del Rosario de la Chiquinquirá de La Vega.

De esa manera, las tierras que habitaron por primera vez los indios Toromaima, integrantes de la aguerrida familia de los Caribes y aproximadamente en 1568 pasaron a formar parte de los repartimientos coloniales convirtiéndolas en asentamientos para la producción agrícola, con trapiches de caña de azúcar y haciendas como la que terminaría por darle el nombre, con todos sus rastros de esclavitud y explotación inhumana de los habitantes originarios de nuestro territorio.

De tal manera que si bien hay una fecha oficial, que define la existencia legal de la parroquia desde hace 213 años, también es cierto que por estos pagos ya andaban sus pobladores originarios desde mucho antes de la llegada de los invasores españoles, aunque al menos hay registros de más de 450 años.

El término geográfico «vega», por cierto, se refiere a una tierra baja, llana y fértil, apta para el cultivo, características del terreno junto al río que dio origen a nuestra parroquia.

La expansión

Ha sido una larga historia desde entonces. Fue a comienzos del siglo pasado, cuando en 1909 se estableció la Fábrica de Cementos La Vega, que comenzó su expansión urbanística. La misma, cómo negarlo, se convirtió en una importante fuente de empleos que dio origen también a la creación de muchos de nuestros barrios.  Sin embargo, a medida que pasaban los años, sus efectos contaminantes comenzaron a hacer pagar un alto precio a los habitantes de la parroquia.

Independientemente de que efectivamente era una importante fuente de empleos, también era el origen de innumerables enfermedades pulmonares, respiratorias, de los cuales eran testigos quienes laboraban tanto en el Hospital “Miguel Pérez Carreño” como en el del Algodonal.

Esto propició que numerosas organizaciones populares, incluyendo La Vega Dice, iniciaran una intensa campaña para lograr su salida.

Además, en una de las explosiones provocadas por la misma fábrica se produjo el derrumbe del Cerro Las Madres, en la carretera negra de Los Mangos, en 1985, dejando decenas de muertos y damnificados, lo cual dio origen a la primera gran Toma de la redoma de La India (que incluyó también la carretera Panamericana), derivando en una feroz represión del gobierno del presidente Jaime Lusinchi y el entonces gobernador de Caracas, Adolfo Ramírez Torres, quien apenas seis años después fue encarcelado por cargos de narcotráfico, por lo cual fue sentenciado a una década en prisión.

(Pero la histórica toma de La India y la carretera Panamericana por el derrumbe del Cerro Las Madres quedará para otra crónica)

Las luchas en contra de la Fábrica de Cementos La Vega culminaron con su cierre definitivo en 1999, constituyendo una de las más importantes victorias del Movimiento Popular en nuestra parroquia (pero eso también amerita una crónica aparte).

Historia de luchas

La Vega, durante su larga historia, que comenzó como ya hemos dicho con los aguerridos indios Toromaima, de la familia de los Caribes cuyo líder principal fue Guaicaipuro, ha contado con un inmenso legado de luchas, partiendo de sus pobladores originarios hasta quienes durante los dos últimos siglos han puesto su empeño para hacer de esta parroquia una de las más combativas de Caracas y del país.

Son extensas estas huellas, pero baste recordar que a la vera del padre Francisco Wytack, un sacerdote obrero belga que predicaba la Teología de la Liberación y llegó al barrio El Carmen en 1966 para formar a los jóvenes en las ideas de Cristo y en las luchas populares y así lo estuvo haciendo, incomodando a los poderes de la época, incluyendo los eclesiásticos (no faltaba más) y los políticos, hasta que el gobierno, no por casualidad socialcristiano de Rafael Caldera (aunque suene irónico) lo expulsó del país en 1970: lo sacaron de su humilde vivienda y en plantillas de medias lo montaron en un avión, deportándolo.

Regresó en 1974, pero de nuevo el gobierno nacional, en este caso presidido por el sátrapa Carlos Andrés Pérez, también lo expulsó de nuestra patria.

Finalmente, debido a gestiones de algunos de quienes fueron sus alumnos, incluyendo al profesor Rafael Angulo, uno de los integrantes del equipo fundador de La Vega Dice, regresó en diciembre de 2004, ya con el comandante Hugo Chávez Frías en la Presidencia de la República.

Su recibimiento en la redoma de La India generó una de las más impresionantes manifestaciones en la historia de nuestra parroquia. Miles de personas se reunieron para verlo llegar, algunas de las cuales ni siquiera habían nacido cuando fue expulsado del país.

Una dama, ya muy entrada en años, lo abrazó como pudo entre aquella inmensa multitud y le dijo: “Wytack, yo sabía que no podía morirme sin volverte a ver”. Un señor le expresó: “¡Padre, yo no creo en Dios, pero écheme la bendición!”.

Fue toda una fiesta popular porque Francisco Wytack fue un formador de numerosos jóvenes que de una u otra manera siguieron sus pasos, como Alí Gómez García, un sólido revolucionario que comenzó a navegar a su alrededor entre el 66 y el 67, cuando apenas transitaba por los 15 años y luego lo llevaría a incorporarse a la lucha armada en el 69.

Alí, o “alicate”, como también se le conocía, además, era poeta, escritor, al punto de ganarse de manera póstuma en 1985 el premio Casa de las Américas por su obra “Falsas, maliciosas y tendenciosas reflexiones de un ñángara”. Además, también se publicó en 2005 su libro Francisco de Miranda, peregrino de la libertad.

Cayó en combate en la zona montañosa de Río Blanco, en Matagalpa, Nicaragua, el 4 de mayo de 1985, en defensa de la Revolución Sandinista.

Hasta esa hermana nación se había trasladado en 1978, por instrucciones del Partido de la Revolución Venezolana (PRV), en el cual militaba, para integrarse como combatiente internacionalista al Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que finalmente derrocaría al dictador Anastasio Somoza un año después.

(Pero su vida, igualmente, merece una crónica aparte)

La Vega ha sido pródiga en luchadores revolucionarios, en grupos políticos, culturales, sociales.

Por ello, en una entrevista que le hicimos para La Vega Dice en 1981 a nuestro Padre Cantor, Alí Primera (quien estuvo muy vinculado a nuestra parroquia), dijo una frase que ha quedado como un símbolo de luchas: “La Vega es el crisol de las luchas de la humanidad”.

Nada menos.


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