Jimmy López Morillo
Publicado en Últimas Noticias
El pasado 17 de junio, el Pleno Extraordinario del Partido Comunista de Cuba aprobó un total de 176 reformas económicas, distribuidas en 23 fases, con las cuales pretenden dar los pasos necesarios para afrontar la profunda crisis humanitaria generada por el recrudecimiento del brutal bloqueo de Estados Unidos, acentuado durante este segundo mandato del presidente de ese país, Donald Trump, teniendo como operador clave a su secretario de Estado, Marco Rubio, que entre otras cosas ha impedido en los últimos seis meses el ingreso de combustible a la mayor de las islas antillanas.
La actual situación fue definida por el presidente Miguel Díaz-Canel en la clausura de ese cónclave como un “genocidio silencioso” que “provoca daños inconmensurables en nuestras vidas cotidianas como pueblo, mientras sus ejecutores mienten descaradamente sobre el cerco energético y afirmando que prohibimos la entrada de donaciones millonarias, que anuncian mucho y de las que apenas han entregado algo de lo prometido”, mientras crece cada vez más el riesgo de una intervención militar directa en la isla por parte de EEUU.
“Cuba enfrenta un bloqueo cruel y una persecución financiera real, diaria, que encarece cada gota de combustible, cada medicamento, cada alimento, cada pieza y cada tecnología que el país necesita”, subrayó en esa exposición.
Los cambios
La larga cantidad de reformas aprobadas posteriormente por la Asamblea Nacional del Poder Popular incluye cambios significativos en el modelo económico cubano, dando pasos al mismo tiempo, como el mandatario lo recalcó, “para avanzar en la defensa del socialismo, para ampliar la justicia social, para crear la riqueza económica y distribuirla con equidad”.
Para ello, analizaron las experiencias de China y Vietnam en la búsqueda de referentes sobre la base de las cuales construir soluciones para sus propias realidades.
En términos generales, las reformas ofrecen una amplia apertura para el capital privado en distintas áreas claves de la economía cubana, sin que ello vaya en desmedro del rol clave de las empresas estatales.
Así, entre otras cosas, al mismo tiempo que intentan que el sector público opere bajo las mismas reglas y condiciones que las empresas privadas, también se traslada la toma de decisiones trascendentes como la fijación de precios, creación de plantillas y uso de utilidades desde los ministerios centralizados a las direcciones de las empresas, de acuerdo con la reseña hecha por Cubadebate.
Igualmente, se transforman empresas públicas en sociedades por acciones como mecanismo para la atracción de capitales, sin que el Estado pierda el control mayoritario de los sectores estratégicos.
Por otra parte, el Estado determina que la planificación socialista no debe competir contra el mercado, sino incorporarlo y regularlo para corregir la escasez. Igualmente, el gobierno abandona paulatinamente la distribución centralizada de insumos y combustibles, al mismo tiempo que obliga a las empresas a autogestionarse en el mercado cambiario y de suministros descentralizado, según el ya mencionado medio.
También se van eliminando los subsidios a empresas estatales ineficientes, de manera de destinar más fondos públicos a servicios prioritarios como salud, deporte, educación y cultura.
Además, se apunta a una drástica descentralización, mediante la cual los gobiernos regionales y municipales podrán aprobar, crear o disolver empresas estatales y privadas en sus territorios. Se elimina el límite de 100 trabajadores por empresa, se permite la propiedad de varias de ellas por una sola persona y se amplían las formaciones societarias, de tal manera que el Gobierno de Cuba integra de forma directa al empresariado como actor en el desarrollo nacional.

Un pueblo sometido al más largo de los asedios
Sin ninguna duda, el bloqueo económico impuesto por Estados Unidos al pueblo cubano, en complicidad con otros países que se han plegado a sus exigencias para sumarse al mismo, es el más largo en la historia de la humanidad.
Fue en octubre de 1960 cuando el entonces presidente de ese país, Dwight Eisenhower, inició las medidas coercitivas ilegales en contra de la mayor de las islas de las Antillas, que fueron ampliadas por John F Kennedy en la Proclama Ejecutiva del 3 de febrero de 1962, exponiendo, entre otros argumentos, razones de “seguridad nacional”, dadas sus cercanías con la Unión Soviética en plena Guerra Fría y la expropiación y nacionalización de refinerías, bancos y empresas de capital estadounidense.
En muchas ocasiones se refirió el comandante Fidel Castro a ese bloqueo impuesto por el gobierno estadounidense. El 28 de septiembre de 1963, en uno de sus discursos, sentenció: «Es verdad que aún estamos bajo el bloqueo imperialista; es verdad que los imperialistas tratan de estrechar ese bloqueo, y que no sabemos cuán largo tiempo tendremos que resistir esa situación. ¡Y la resistiremos! ¡Porque nuestra bandera revolucionaria no se plegará jamás! ¡Porque la frente alta de esta nación no se doblegará jamás! Porque afrontaremos los riesgos que sean necesarios”.
El respaldo absoluto del general Raúl Castro
Durante la celebración del Pleno del Partido Comunista de Cuba, aunque sin estar presente físicamente, una de las opiniones con especial peso fue la del general Raúl Castro, expresidente de ese país, hermano del comandante Fidel Castro y uno de los líderes todavía vivos de la revolución que terminó derrocando al dictador Fulgencio Batista.
Con toda esa impronta, uno de los héroes de aquella gesta, hoy a los 95 años, no solo siguió los debates de la trascendental asamblea del partido a través de videoconferencia, sino que envió una carta en la cual ratificó que “transformar la economía es lo que más conviene hoy a la Revolución”.
Consciente de la gravedad de la actual coyuntura, planteó como una obligación “no ser dogmáticos” frente a los retos que se presentan y aceptó que el socialismo también puede experimentar crecimiento con el apoyo del sector privado.
Ese respaldo se ha replicado en otros sectores, como en el de la comisión organizadora de la Central de los Trabajadores de Cuba, cuyo presidente, Osnay Miguel Colina, sostuvo que la propuesta de reformas es “valiente y audaz, que necesita de la inteligencia colectiva y de una rigurosa implementación”, mientras otros voceros llamaban a ponerla en marcha escuchando de forma permanente a la población.

