Walter Ortíz
Publicado en el Correo del Orinoco
La memoria histórica de Venezuela necesita ser refrescada de cuándo en cuándo, al valorar y observar momentos claves de la actualidad nacional.
Cuando la Federación de Rusia inició la operación militar especial sobre la República de Ucrania, el presidente Nicolás Maduro no tuvo reparo en convocar una sesión ampliada del Consejo de Estado y el Consejo de Defensa de la Nación.
Tanto como si fuera ayer, el Jefe ha Estado afirmó que el papel del liderazgo de la Revolución Bolivariana al frente del país debía ser alejar lo más posible a nuestra patria de la guerra, ya que en su consideración parecía que el mundo había entrado en una vorágine de locura apalancada en los apetitos de poder hegemónico y pugna entre poderes mundiales, agravados en el hecho de nuestra condición de ser la primera reserva de petróleo del mundo, junto a otros recursos estratégicos y minerales.
4 años después esta visión no solo se mantiene vigente, sino que encuentra momentos clave para poder hacer el engranaje de la preservación de nuestra Nación, de nuestra condición de República, y a su vez abrir de par en par las puertas que nos conduzcan a una autopista de desarrollo y bienestar en una nueva etapa no exenta de desafíos, amenazas y dificultades, incluso como la que vivimos a partir de las consecuencias del doble terremoto del 24 de junio.
No solo se está llevando a cabo un proceso de Renacimiento de Venezuela a partir de una nueva etapa compleja que se ha abordado desde la Diplomacia Bolivariana de Paz, que ha obtenido indudables victorias tempranas, aunque no definitivas, pero que nos ha permitido avanzar en un proceso de reinserción paulatina que rompe el aislamiento y la asfixia que tortura de manera brutal el cuerpo económico y social de Venezuela.
Esto ha precisado al mismo tiempo el impulso de un proceso de pacificación nacional que tiene dos hitos fundamentales: una Ley de Amnistía que ha procesado y resuelto más de 8.000 casos, en tiempo récord, junto al lanzamiento de un programa de paz y convivencia democrática que de a poco va desarrollando un trabajo que parece ser más largo, ya que el proceso político venezolano ha estado caracterizado por una lógica existencial en muchos casos impuesta desde el extranjero, y también muy asociada a la determinación de sectores extremistas opositores de procurar la aniquilación absoluta del chavismo como comunidad política; demencia que se autodefinieron a partir del fallecimiento del comandante Hugo Chávez, el 5 de marzo de 2013.
Ahora estamos encausados en la autopista de un nuevo proceso de diálogo con los retos de no repetir los fracasos del diálogo de República Dominicana en 2018 y del diálogo social de Ciudad de México en 2021, momento donde la oposición nuevamente jugó cartas marcadas para seguir avanzando en acciones al margen de la Constitución Nacional, con el único objetivo de llegar al poder.
Los tres puntos de este nuevo proceso, que inician una hoja de ruta compleja, parecen ser más aterrizados que aquellos aspectos que pretenden imponer sectores interesados en sacar partido, sin tener cómo ni con qué, de lo que sucedió el 3 de enero en Venezuela e incluso el doble terremoto del 24 de junio.
Ojalá estemos a la altura de todo esto.

