Pablo “Pepe Salsa” Cerezo
En 1998, tras más de diez años sin grabar salsa cantada, Eddie Palmieri regresó con fuerza y elegancia presentando el álbum El Rumbero del Piano. Más que un simple disco, fue una declaración de principios: la salsa sigue viva mientras su piano respire.
Bajo el sello de RMM Records, Palmieri vuelve a su esencia: el sonido callejero, la experimentación y el golpe rumbero que lo convirtieron en leyenda. El piano se convierte en tambor, los trombones rugen como trueno y las voces de Herman Olivera y Wichy Camacho regresan ese espíritu inconfundible de La Perfecta.
¿Qué hace especial este álbum?
Es un puente entre la vieja escuela y la modernidad, entre la bomba, la plena, el guaguancó y la descarga afrocaribeña. Palmieri rinde homenaje sin perder su rebeldía musical:
“Oigan Mi Guaguancó” – tributo al genio Arsenio Rodríguez.
“El Dueño del Monte” – bomba y plena con elegancia y raíz boricua.
“Malagueña Salerosa” – convertida en descarga explosiva al estilo Palmieri.
“Sube” – abre el disco con fuerza, puro timbal y bronce.
“Café” – es barrio, esquina y madrugada borinqueña.
“El Rumbero del Piano” – cierre majestuoso; Palmieri suelta sus manos como si invocara a Changó, a la rumba y a todos los dioses del ritmo.
Más que un regreso… una reafirmación
Palmieri no regresó: nunca se fue. Solo esperó el momento para volver a prender la mecha de la salsa brava. Este álbum le abrió las puertas a una nueva generación y preparó el camino para su obra junto a Tito Puente: Masterpiece (2000), ganadora del Grammy.
“El Rumbero del Piano” sigue siendo, hasta hoy, una clase magistral de cómo se toca, se siente y se respeta la salsa, con intelecto, con alma y con calle.

