San Juan no castiga, es resistencia espiritual y soberanía afrovenezolana

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Richard Arráiz Moreno

Fotos: Américo Morillo

El día viernes 17 de Julio, nos convocamos en un espacio que es sagrado para la memoria de nuestro barrio: la Capilla de los Santos Negros, en el Parque William Alexander de La Veguita, aquí mismo en nuestra combativa parroquia de La Vega. Entre el humo del café y el eco lejano de un tambor que se niega a callar, nos reunimos cerca de diez periodistas de medios alternativos, comunitarios y medios de comunicación nacional, junto a una decena de cultores y sanjuaneros que vinieron de Caracas y desde las costas de Miranda.

En la mesa no solo había fe, había política y Estado: diputados y voceros del Ministerio del Interior, Justicia y Paz se sentaron a escuchar las propuestas y protestas de un pueblo que está en pie y con respeto a su espiritualidad ancestral. Esta rueda de prensa no fue un acto burocrático; fue un grito de resistencia cultural. Porque mientras las réplicas todavía nos mueven el piso, hay quienes pretenden movernos la identidad con el discurso del miedo.

Desde que el pasado 24 de junio la tierra decidió manifestarse con ese doblete sísmico de magnitud 7.2 y 7.5, hemos visto resurgir los fantasmas de la colonia. Sectores cargados de un fanatismo religioso y una visión moralista han pretendido inocular en nuestro pueblo la idea de que los terremotos son un «castigo divino» o la «ira de Dios» contra los tambores de San Juan.

¡Basta de racismo! Como cultores de San Juan, rechazamos categóricamente esta satanización de nuestra cultura. No es coherente, ni humano, señalar a un pueblo como «más pecador» que otro ante un desastre de la naturaleza. Nuestra diversidad cultural de Venezuela, reconocida por la UNESCO, es un pilar que debe estar en nuestro ADN, no debe ser una diana para el odio.

Hay que explicarlo con claridad, que la tierra ruge por su propia dinámica geomorfológica. Venezuela es una República multiétnica y pluricultural situada sobre fallas vivas donde chocan placas tectónicas; ese movimiento es natural, no lo provoca el golpe del cuero del tambor de San Juan, que es un símbolo de libertad nacido de la resistencia de los esclavizados, una fuente de energía que nos ha sostenido en los momentos más difíciles, incluso después del desastre. Querer culpar a la matriz afro de un fenómeno geológico es un intento por reflotar la vieja bota colonial que pretendía domesticar nuestras almas a través de la culpa.

Ojo avizor, camaradas. El miedo no es inocente. Hemos observado con profunda preocupación cómo en sectores utilizan la confusión y el misticismo para generar una desmovilización popular. Si logran que el pueblo crea que el sismo es su culpa por «pagano», ese pueblo agachará la cabeza y dejará de luchar por su territorio.

Debemos tener una visión crítica, no ignoramos que, más allá de la geología, la historia de la tecnología militar nos habla de proyectos que manipulan la ionósfera, como el HAARP, y que tales tecnologías podrían ser explotadas para generar procesos que aparentan ser naturales con el fin de fragmentar la unidad de los pueblos. La manipulación y el fanatismo son herramientas de penetración cultural que buscan desplazar nuestras raíces en favor de modelos hegemónicos externos.

 Tras la rueda de prensa de allí salieron propuestas concretas que son nuestro verdadero escudo:

•La creación de Asambleas Parroquiales permanentes de cultores y cofradías para organizar la defensa de nuestra fe y territorio.

•La activación de redes de Solidaridad Activa para recolectar alimentos e insumos para los hermanos más golpeados.

•La exigencia al Ministerio de Cultura de un pronunciamiento firme en defensa de nuestro patrimonio inmaterial ante los ataques de odio.

Hacemos un llamado a la alerta máxima organizativa. San Juan no causa terremotos, es resistencia, es el encuentro en la calle que nos une.  No permitiremos que nos arrebaten nuestras banderas ni nuestra alegría bajo modelos impuestos por EEUU o Europa.

Seguiremos construyendo una nación consciente de su pasado y soberana de su futuro. Los tambores de la resistencia afro no pararán, porque en cada repique va la vida de este pueblo que ha decidido ser libre.

¡San Juan lo tiene, San Juan lo da!


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